Cuadragésimo séptima actuación.
Pensaba yo durante la función de hoy en El Vendrell (por cierto, enhorabuena por el nuevo teatro) ante el silencio sepulcral que me acompañaba, que dada la cantidad de gente mayor que tenía de público, quizás se intimidaban al oir los desvaríos de un viejo que se enfrenta a sus últimos días y al que visita la muerte... Dándole vueltas me empezó a dar la sensación de que los comentarios de Don Juan ante sus últimos días como "en cambio me condena (a un final) lento y penoso..."; "ya no debería estar aquí, sino vagando por el infierno..."; "...y acabe con esta tortura que es vivir así..." etc, quizás podían ser recibidos por la gente mayor con una crudeza más dura que con los que fueron en realidad escritos. Pero hay que entender el contexto y el personaje que los lanza: Don Juan no está acostumbrado a ser uno más; no acepta su vejez por considerarla indigna después de una vida de excesos... Don Juan no soporta tener que sentirse uno más, el querría ser el único, la leyenda de sí mismo, el despiadado conquistador que pasa por encima de todo y todos, y se ve obligado a aceptarse como una persona mayor con sus fragilidades y sus limitaciones y eso le corroe el alma. Así que se retira a vivir en el convento con la intención de que nadie lo vea en esa situación que él no acepta y contra la que se rebela.
El no está haciendo un alegato contra la vejez en general, paso imprescindible para los que puedan vivir muchos años, sino contra la suya en particular, una vejez para la cual él no se había preparado y contra la cual no pensaba que debería luchar nunca...
Pero yo no considero a mi Don Juan un árbol caído, más al contrario, lo considero como un magnífico ser que llega a sus últimos días con la condena de una lucidez y una vitalidad no acompañada por su físico, lo que lo sume en una profunda tristeza y desasosiego, pero que, a mis ojos, lo presenta con esa potencia y fuerza que sólo los que han pasado por casi todo pueden dar.
Antes de cerrar entrada, agradezco a Ció y su equipo el haber puesto a nuestra disposición su teatro, y habernos dado la oportunidad de demostrar que el teatro no lo hacen los nombres sino las personas, y que gracias a su confianza, un centenar de espectadores se fueron con la sensación (o eso creo) de no haber perdido el tiempo. De buen seguro que todos ellos volverán a ver lo que les propongan.
sábado, 27 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
DON JUAN. DIARIO DE UN NÁUFRAGO. 100
Cuadragésimo sexta actuación.
Y aquí estoy, cien entradas después, 14 meses después del día en que María y yo entramos en el congelado gimnasio a enfrentarnos con nuestro primer ensayo.
Recuerdo que aquel día, mientras escribía el post número uno, mis sensaciones eran bastante negativas... Aquel frío y la incertidumbre del camino por recorrer junto con la poca experiencia ante proyectos en solitario de este estilo hicieron que aquella noche no durmiera del todo bien.
Ahora, cien posts más tarde y con cuarenta y seis funciones a nuestras espaldas, aquel miedo se ha diluido y en su lugar queda un poso de satisfacción ante el trabajo hecho. Hemos llegado a buen puerto, quizás un puerto un tanto diferente al que nos imaginábamos cuando emprendimos el viaje, pero así es este mundo: iniciar una ruta sin que nadie pueda asegurarte el destino, pero con el objetivo de no hundirse en las aguas, a veces encabritadas, de la creación.
Y qué mejor lugar para celebrar la efemérides de las cien entradas de este Diario de un Náufrago (el nombre se lo puse el primer día... así estaba yo de optimista) que en el Teatre Kursaal de Manresa. Es increíble como un teatro de una ciudad pequeña pueda albergar una programación tan extensa e interesante, tocando todos los hilos de las artes escénicas con un rigor y una exigencia tan notables. Y eso lo consiguen con la entrega, el amor por el teatro, la dedicación y el sacrificio de una asociación llamada El Galliner, que empezó con una mochila cargada de ilusión y ahora comandan un buque enorme que transporta a miles de personas entre colaboradores, trabajadores y público. Chapeau para ellos porque son un ejemplo (y me consta que los llaman para contar su experiencia en foros de teatro) a seguir. Gracias, gracias, gracias.
Y gracias también por llamarnos para actuar habiendo estado ya haciéndolo en dos ocasiones durante la Fira d'Espectacles d'Arrel Tradicional Mediterrània.
Así que teníamos cogida las medidas del escenario y del público y la función transcurrió sin contratiempos.
Ahora, a por cien más.
Y aquí estoy, cien entradas después, 14 meses después del día en que María y yo entramos en el congelado gimnasio a enfrentarnos con nuestro primer ensayo.
Recuerdo que aquel día, mientras escribía el post número uno, mis sensaciones eran bastante negativas... Aquel frío y la incertidumbre del camino por recorrer junto con la poca experiencia ante proyectos en solitario de este estilo hicieron que aquella noche no durmiera del todo bien.
Ahora, cien posts más tarde y con cuarenta y seis funciones a nuestras espaldas, aquel miedo se ha diluido y en su lugar queda un poso de satisfacción ante el trabajo hecho. Hemos llegado a buen puerto, quizás un puerto un tanto diferente al que nos imaginábamos cuando emprendimos el viaje, pero así es este mundo: iniciar una ruta sin que nadie pueda asegurarte el destino, pero con el objetivo de no hundirse en las aguas, a veces encabritadas, de la creación.
Y qué mejor lugar para celebrar la efemérides de las cien entradas de este Diario de un Náufrago (el nombre se lo puse el primer día... así estaba yo de optimista) que en el Teatre Kursaal de Manresa. Es increíble como un teatro de una ciudad pequeña pueda albergar una programación tan extensa e interesante, tocando todos los hilos de las artes escénicas con un rigor y una exigencia tan notables. Y eso lo consiguen con la entrega, el amor por el teatro, la dedicación y el sacrificio de una asociación llamada El Galliner, que empezó con una mochila cargada de ilusión y ahora comandan un buque enorme que transporta a miles de personas entre colaboradores, trabajadores y público. Chapeau para ellos porque son un ejemplo (y me consta que los llaman para contar su experiencia en foros de teatro) a seguir. Gracias, gracias, gracias.
Y gracias también por llamarnos para actuar habiendo estado ya haciéndolo en dos ocasiones durante la Fira d'Espectacles d'Arrel Tradicional Mediterrània.
Así que teníamos cogida las medidas del escenario y del público y la función transcurrió sin contratiempos.
Ahora, a por cien más.
lunes, 22 de marzo de 2010
DON JUAN. DIARIO DE UN NÁUFRAGO. 98
Un buen trabajo de un gran profesional. A veces me llaman periodistas para hablar del espectáculo y la conversación se vuelve un blablableo distante en el que al final acabo diciendo cosas de las que me arrepiento.Con Dani fue un gusto charlar tres cuartos de hora con la sensación de haber hablado con un colega. Preguntas que partían de la curiosidad humana no del formulario del profesional, una documentación exhaustiva previa y mucho amor por su trabajo dan como resultado un artículo ameno, conciso y fácil de leer.
Ojalá siempre fuera tan fácil hablar con la gente...
domingo, 21 de marzo de 2010
DON JUAN. DIARIO DE UN NÁUFRAGO. 97
Cuadragésimo quinta actuación.
Murphy debía ser un tipo odioso. Me lo imagino solitario, del que la gente huía cambiándose de acera al encontrárselo por miedo a su mal fario.
Pero Murphy era un sabio. Murphy era ese que dijo que cuando estés actuando en un teatro con una extraordinaria proximidad con el público, en el momento más dramático de la función con el silencio más tenso... le sonará el teléfono móvil con el politono más estridente de los posibles a la persona más lenta de las 100 que haya en la sala... y la que esté más cerca de ti, a escasos 2 metros, que mientras busque parsimoniosamente su escandaloso cacharro en el bolso pondrá cara de decir: ¡¡pues no va este tío y se pone a actuar mientras suena mi móvil!!
No se como describir la sensación que he tenido en ese momento: intentaré ser gráfico. Es como ese niño que con tesón y mucho esfuerzo consigue hinchar un globo y cuando ya lo tiene perfecto, tenso y redondo y se lo va a enseñar a su mamá... alguien le da un golpe en el brazo y el globo se escapa dejando salir todo el aire con un sonido tipo brrfrrfrrrfrrrffrrrfrrffr....
Yo era ese niño, y el globo era el público, tal cual. He sentido claramente como en ese preciso instante en que ha sonado el infausto aparato, las 99 personas del público al unísono han hecho: brrfrrfrrrfrrrffrrrfrrffr....! y toda la tensión dramática conseguida con esfuerzo durante una hora de espectáculo, se ha desparramado por los rincones de la sala... Y luego, ala... empieza a soplar de nuevo... Hay que joderse... y que viva Murphy! aunque yo me cambiaré de acera si me lo encuentro...
Esta escena, desgraciadamente bastante cotidiana en nuestros teatros, ha transcurrido hoy en la Sala Planeta de Girona, un teatro especialísimo que no se merecía ese, por otro lado, anecdótico acontecimiento. Un teatro con el encanto de las salas regentadas por una compañia, por gente de la profesión, donde cada cosa está en su sitio y donde uno se encuentra supercómodo. Además he tenido la suerte de visitar todo el edificio y me ha encantado la sala de ensayos en la planta superior... A uno le dan ganas de ponerse a ensayar en ese preciso momento lo que sea.
Una sala, de las llamadas alternativas, aunque si eso es la alternativa para qué quiero yo las principales...
Un teatro fantástico donde es muy fácil sentirse a gusto actuando, por muchos móviles que suenen en el peor momento... Y donde he conocido gente de teatro y para el teatro, de esa que dignifica la profesión con su esfuerzo y con su talento. Este teatro se me ocurre como un pequeño Lliure, donde el público se conoce, donde estoy seguro que cada uno tiene su silla preferente, y donde el nivel de exigencia debe ser muy alto.
Toda una casa de teatro con mayúsculas donde huele a teatro por todos los rincones.
De los mejores sitios donde olvidársete desconectar el teléfono, sin duda...
Murphy debía ser un tipo odioso. Me lo imagino solitario, del que la gente huía cambiándose de acera al encontrárselo por miedo a su mal fario.
Pero Murphy era un sabio. Murphy era ese que dijo que cuando estés actuando en un teatro con una extraordinaria proximidad con el público, en el momento más dramático de la función con el silencio más tenso... le sonará el teléfono móvil con el politono más estridente de los posibles a la persona más lenta de las 100 que haya en la sala... y la que esté más cerca de ti, a escasos 2 metros, que mientras busque parsimoniosamente su escandaloso cacharro en el bolso pondrá cara de decir: ¡¡pues no va este tío y se pone a actuar mientras suena mi móvil!!
No se como describir la sensación que he tenido en ese momento: intentaré ser gráfico. Es como ese niño que con tesón y mucho esfuerzo consigue hinchar un globo y cuando ya lo tiene perfecto, tenso y redondo y se lo va a enseñar a su mamá... alguien le da un golpe en el brazo y el globo se escapa dejando salir todo el aire con un sonido tipo brrfrrfrrrfrrrffrrrfrrffr....
Yo era ese niño, y el globo era el público, tal cual. He sentido claramente como en ese preciso instante en que ha sonado el infausto aparato, las 99 personas del público al unísono han hecho: brrfrrfrrrfrrrffrrrfrrffr....! y toda la tensión dramática conseguida con esfuerzo durante una hora de espectáculo, se ha desparramado por los rincones de la sala... Y luego, ala... empieza a soplar de nuevo... Hay que joderse... y que viva Murphy! aunque yo me cambiaré de acera si me lo encuentro...
Esta escena, desgraciadamente bastante cotidiana en nuestros teatros, ha transcurrido hoy en la Sala Planeta de Girona, un teatro especialísimo que no se merecía ese, por otro lado, anecdótico acontecimiento. Un teatro con el encanto de las salas regentadas por una compañia, por gente de la profesión, donde cada cosa está en su sitio y donde uno se encuentra supercómodo. Además he tenido la suerte de visitar todo el edificio y me ha encantado la sala de ensayos en la planta superior... A uno le dan ganas de ponerse a ensayar en ese preciso momento lo que sea.
Una sala, de las llamadas alternativas, aunque si eso es la alternativa para qué quiero yo las principales...
Un teatro fantástico donde es muy fácil sentirse a gusto actuando, por muchos móviles que suenen en el peor momento... Y donde he conocido gente de teatro y para el teatro, de esa que dignifica la profesión con su esfuerzo y con su talento. Este teatro se me ocurre como un pequeño Lliure, donde el público se conoce, donde estoy seguro que cada uno tiene su silla preferente, y donde el nivel de exigencia debe ser muy alto.
Toda una casa de teatro con mayúsculas donde huele a teatro por todos los rincones.
De los mejores sitios donde olvidársete desconectar el teléfono, sin duda...
sábado, 20 de marzo de 2010
DON JUAN. DIARIO DE UN NÁUFRAGO. 96
Cuadragésimo cuarta actuación.
Una gran sorpresa la de ayer en el Teatre Municipal de Banyoles.
Una gran sorpresa porque no esperábamos que fuera a venir tanta gente a la función.
Y claro, el espectáculo crece mucho cuando recibes el soporte de tantos ojos, tantas miradas interesadas y tantas personas deseosas de lanzarse contigo a la historia que les vas a contar. Hacía tiempo que no actuaba para un público tan joven dispuesto a zambullirse y con ganas de sentir cosas.
Creo que alguien está haciendo muy bien las cosas en Banyoles, algunas personas que con su trabajo y su dedicación están consiguiendo que la gente joven salga a a ver un espectáculo como el Don Juan un viernes a la noche. Porque reconozco que no es fácil y porque como he comentado más de una vez, el público de teatro de programación estable (a diferencia del de festivales...) suele ser de una media de edad bastante avanzada.
Y la entrega de los jóvenes en cada una de las escenas y en los momentos tanto los cómicos como los dramáticos es sorprendente. El público joven es apasionado, exigente pero apasionado. No se entrega con facilidad, pero cuando lo hace, se abandona a lo que está viendo.
Y hacía tiempo que no sentía el calor al final de una manera tan sincera. Ayer volví a notar que se me ponían los pelos de punta en los saludos. Sentí, como hacía tiempo que no sentía, que había dado algo y que a cambio recibía también algo. Que ese intercambio se hacía de manera incondicional, sincera... Ayer fue una de aquellas funciones en que todo está en su sitio y apenas tienes que dejarte llevar por la energía. De aquellas funciones que no quieres que se acaben nunca porque estás a gusto, mucho.
Y eso incluye todo el acto de la actuación que no comienza cuando se apagan las luces de la sala y se encienden las del escenario, sino que lo hace cuando llegas al teatro a las 12 del mediodía y te encuentras con la sonrisa amable de la gente de la casa que te da la bienvenida y además notas que lo hacen de corazón. Que te abren su casa y se desviven por que te sientas a gusto. Y acaba cuando dos horas después del final de la función, a la 1 de la madrugada, te despiden igual de sonrientes tal como te recibieron.
Fue una gran actuación ayer para un gran día de trabajo, para una gente amable y amante de su profesión.
Muchas gracias a todos y no nombro a nadie porque no quiero dejar a nadie fuera. Un superplacer actuar en vuestro teatro.
Y claro, cuando las funciones transcurren plácidas y sin contratiempos sacas conclusiones.
Algunas veces me han preguntado cómo hago para interpretar dos cosas al mismo tiempo, el títere y yo. Ayer llegué a la conclusión de que el secreto, al menos en parte, está en la confianza plena en que tu partenaire, o sea el muñeco, está expresando en cada momento lo que tú necesitas, y actuar tú en consecuencia a lo que crees que él está expresando. Parece complicado, pero no. En realidad es como actuar con otro actor. Tú sabes en cada momento por la escucha que el otro actor está expresando algo y tú, como en un partido de tenis, actúas en consecuencia. Y viceversa... Y esa escucha se vuelve imprescindible para desarrollar los conflictos y llevar la actuación hasta donde queremos llevarla. Pues bien, exactamente la misma escucha entre actor y manipulador es necesaria en mi caso.
Yo actor debo interpretar y a la vez escuchar a yo manipulador y, a la vez, confiar en que lo que el muñeco (parte indivisible de mi yo manipulador) expresa, es lo que yo manipulador quiero. Joder esto no lo entiendo ni yo...
Veamos... que el muñeco no está al servicio del actor sino que hay que entenderlo como si fuera otro intérprete al que nosotros controlamos... casi siempre. Exacto... Y eso es lo que hace esto de actuar y manipular tan gratificante... Es como si multiplicáramos el placer de interpretar por dos... Doble placer... Algo obsceno... Pero muy bueno.
Una gran sorpresa la de ayer en el Teatre Municipal de Banyoles.
Una gran sorpresa porque no esperábamos que fuera a venir tanta gente a la función.
Y claro, el espectáculo crece mucho cuando recibes el soporte de tantos ojos, tantas miradas interesadas y tantas personas deseosas de lanzarse contigo a la historia que les vas a contar. Hacía tiempo que no actuaba para un público tan joven dispuesto a zambullirse y con ganas de sentir cosas.
Creo que alguien está haciendo muy bien las cosas en Banyoles, algunas personas que con su trabajo y su dedicación están consiguiendo que la gente joven salga a a ver un espectáculo como el Don Juan un viernes a la noche. Porque reconozco que no es fácil y porque como he comentado más de una vez, el público de teatro de programación estable (a diferencia del de festivales...) suele ser de una media de edad bastante avanzada.
Y la entrega de los jóvenes en cada una de las escenas y en los momentos tanto los cómicos como los dramáticos es sorprendente. El público joven es apasionado, exigente pero apasionado. No se entrega con facilidad, pero cuando lo hace, se abandona a lo que está viendo.
Y hacía tiempo que no sentía el calor al final de una manera tan sincera. Ayer volví a notar que se me ponían los pelos de punta en los saludos. Sentí, como hacía tiempo que no sentía, que había dado algo y que a cambio recibía también algo. Que ese intercambio se hacía de manera incondicional, sincera... Ayer fue una de aquellas funciones en que todo está en su sitio y apenas tienes que dejarte llevar por la energía. De aquellas funciones que no quieres que se acaben nunca porque estás a gusto, mucho.
Y eso incluye todo el acto de la actuación que no comienza cuando se apagan las luces de la sala y se encienden las del escenario, sino que lo hace cuando llegas al teatro a las 12 del mediodía y te encuentras con la sonrisa amable de la gente de la casa que te da la bienvenida y además notas que lo hacen de corazón. Que te abren su casa y se desviven por que te sientas a gusto. Y acaba cuando dos horas después del final de la función, a la 1 de la madrugada, te despiden igual de sonrientes tal como te recibieron.
Fue una gran actuación ayer para un gran día de trabajo, para una gente amable y amante de su profesión.
Muchas gracias a todos y no nombro a nadie porque no quiero dejar a nadie fuera. Un superplacer actuar en vuestro teatro.
Y claro, cuando las funciones transcurren plácidas y sin contratiempos sacas conclusiones.
Algunas veces me han preguntado cómo hago para interpretar dos cosas al mismo tiempo, el títere y yo. Ayer llegué a la conclusión de que el secreto, al menos en parte, está en la confianza plena en que tu partenaire, o sea el muñeco, está expresando en cada momento lo que tú necesitas, y actuar tú en consecuencia a lo que crees que él está expresando. Parece complicado, pero no. En realidad es como actuar con otro actor. Tú sabes en cada momento por la escucha que el otro actor está expresando algo y tú, como en un partido de tenis, actúas en consecuencia. Y viceversa... Y esa escucha se vuelve imprescindible para desarrollar los conflictos y llevar la actuación hasta donde queremos llevarla. Pues bien, exactamente la misma escucha entre actor y manipulador es necesaria en mi caso.
Yo actor debo interpretar y a la vez escuchar a yo manipulador y, a la vez, confiar en que lo que el muñeco (parte indivisible de mi yo manipulador) expresa, es lo que yo manipulador quiero. Joder esto no lo entiendo ni yo...
Veamos... que el muñeco no está al servicio del actor sino que hay que entenderlo como si fuera otro intérprete al que nosotros controlamos... casi siempre. Exacto... Y eso es lo que hace esto de actuar y manipular tan gratificante... Es como si multiplicáramos el placer de interpretar por dos... Doble placer... Algo obsceno... Pero muy bueno.
miércoles, 17 de marzo de 2010
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